En la búsqueda de información sobre el tema de „portar niños“ encontramos imágenes que en su
mayoría muestran a las clases más pobres de la población. La gente siempre se ha tenido que desplazar- ya sea por
viaje o trabajo- y los niños se han llevado encima. El cochecito se inventó a fines del siglo XIX.
La pintura de Adrien van den Velde (1636-1672) „Alto delante de la Fonda“ (Museo de Bellas Artes de Leipzig)
muestra a niños viajando y siendo portados con paños.
Recorte de la pintura de Adrien van den Velde (1636-1672) „Alto delante de la Fonda“ (Museo de Bellas Artes de Leipzig)
Cuando el cochecito de la reina Victoria se adaptó a la corte, se impuso rápidamente en los círculos de la alta
sociedad. En esta clase social lo habitual era dejar a los niños al cuidado de nodrizas y nanas. La relación
madre - hijo era distante. Contratar a personal para el cuidado de los niños era símbolo de prosperidad y el
cochecito pronto se convirtió en símbolo de bienestar.
El acto de portar a los niños se quedó poco a poco en el olvido. A comienzos del siglo XX la cercanía y la satisfacción
de las necesidades se equiparaban con mimos, y cuando en el año 1950 se consiguió producir la leche en polvo, se
pudo trasladar la alimentación y todo el cuidado del bebé fuera del entorno familiar.
El biólogo Bernhard Hassenstein introdujo en 1970 la noción de „criatura portada“ tipo mamífero. Se caracteriza
por los buenos reflejos de agarre en los pies y en las manos, lo que permite aferrarse a la madre. El ser humano forma p
arte de los „portados“ pasivos, esto quiere decir que los recién nacidos no son capaces de sostenerse solos sino que
dependen del apoyo de la madre. Otras características de los portados son los órganos sensoriales parcialmente
desarrollados y una inestable regulación de la temperatura.
Antiguamente se calificaba erróneamente al ser humano como especie nidícola y se dispensaban cuidados acorde a ello.
Según las conclusiones de Bernhard Hassenstein los „portados“ constituyen un tipo propio con necesidades especificas
acordes a su especie. Necesitan la cercanía inmediata de la madre así como el calor y el contacto corporal para
seguir madurando y poder desarrollarse bien. Al portar a los niños en el fular se satisfacen todas esas necesidades.
Desde la década de los ochenta esta cuestión ha vuelto a resurgir en nuestras sociedades.
Fuente: Bernhard Hassenstein, Evelin Kirkilionis: Der menschliche Säugling, Nesthocker oder Tragling? Dans: Wissenschaft und Fortschritt 42/1992
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